Latifa..
eran días normales, días de estudiar, de trabajar, de ir a casa, descansar y nuevamente retornar. era rutinario pero con gracia, la suficiente para mantener viva la existencia de Latifa. uno de esos días, ella sentía una mirada insistente, una mirada que añoraba ser devuelta, por curiosidad volteó, allí estaba él, siempre tan cerca y jamás lo había visto, notó que era sumamente apuesto, que era una digna muestra de un hombre, en su postura, en sus gesto, en su voz, ahora solía deleitarse observándolo, disfrutaba el hecho de arreglarse para verse coqueta para él, era un juego, un malicioso juego de seducción, que indudablemente le gustaba a ambos. al pasar los días, iba descubriendo más facetas de él, era un joven emprendedor, trabajaba incansablemente, podía ser tan dulce y al mismo tiempo elocuente en sus conversaciones, sin querer ella se iba ilusionando más, indudablemente quería más, ya no era suficiente verlo, añoraba tenerlo a su lado, antes de poder pensar ¿Cómo lograrlo? un cubo de agua helada se vació sobre Latifa, el era ya correspondido y no por ella, sus sueños y suspiros se agotaban en otros brazos, que pena...la lluvia se desbordaba en su regazo..
Latifa, miraba el cielo desde su ventana en busca de consuelo, mientras danzaba, sus lágrimas se deslizaban por su rostro, oculta en su habitación.
el reloj no se detiene, los días siguen, ella cumplidamente asiste a todos sus compromisos, con el pecho travado, a punto de reventar, pero muriendo en un silencio absoluto.
las heridas cicatrizaban, mientras poco a poco se iba desvaneciendo la ilusión. Latifa, no se daba cuenta.
finalmente, ya la presencia de él no le estremecía el pecho, ya no, se le entrecortaban las palabras, ni mucho menos la respiración, ya no le brillaban los ojos cuando el la observaba y le sonreía, sencillamente ya no pasaba nada absolutamente nada.
Latifa, sintió alivio pero ahora sabe que èl es libre, él la ve como en esos días ¿qué más podría pedir? Sólo que ahora, su alma esta en blanco, sólo siente la tibieza del sol, de la brisa, de la noche. Solo siente los aromas. Ahora esta ilusionada de la nada, de la esperanza, de la libertad. Latifa añora los latidos de su corazón, pero sabe que no marcaran los mismos pasos al mismo ritmo que el de él, porque no recuerda cómo sucedió, no recuerda la partitura, no recuerda al director, no recuerda más que aquella sensación.
Besos,
Greizer
a tí amigo, tu me inspirastes a escribir una historia, quizás sea cierta, quizás no. no es un final de hadas, ni menos el que latifa esperaba, ni el que a mí me hubiese gustado escribir...



historiasanonimas dijo
Precioso, Greizer, me has emocionado. Seguro que a Blackbird también le encanta.
Besos.
8 Enero 2009 | 03:25 PM