El hombre, en el proceso de adaptación, invención y reinvención, además de gastar energía, tiempo y tropiezos, desconoce el proceso de transición, desconoce la inquietante sensación de lo desconocido, de la contradicción y confrontación de pensamientos y sentimientos, de un horizonte más allá de los 15 cm a su alrededor, que lo separa de los demás, un paso adelante, puede ser escalofriante e intimidante.

Y, a ciencia cierta, la literatura, es extensa, pero meticulosa y discreta, el hombre que se sumerja en ella, debe saber que, es un novato en juego de grandes ligas, que tiene dos opciones: aprender o quedar con la intriga.

He decido, "aprender" pero, aún así, tengo la intriga, a causa de un sin fin de preguntas e inquietudes, pero sé, que he alcanzado un punto de vista, un poco más claro, uno que desearía con toda mi alma compartir, no en paredes huecas, cuadriculadas y abstractas, sino en un cielo donde vuelen aves, libres, ansiosas de conseguir alimento y hogar, en respuestas.

Tal vez, me detenga. Tal vez, observe. Tal vez, sienta.

Un panorama, lejos, muy lejos, de la incomprensión, de la sensación de no pertenencia, de la frustración por un desinterés creciente a la preocupación del hombre por su propio crecimiento, al conformismo, al pesimismo, a la ironía y sátira, para esconderse detrás de capas y capas de miedo, de excusas, de mentiras y falsas caras.

Tal vez, piense, que el mundo es así después de todo. Tal vez, crea, que aun así todo puede cambiar.

Siempre que el hombre entienda, que la soledad, no es la ausencia de pareja, sino el silencio de su propio yo.